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<HISTORIA>

Y Tisha Donovic murió.
Su padre sacrificó horas y horas por intentar salvarla, por cuidarla, por paliar su dolor... hasta que el fatídico día de su muerte llegó.
Velor Donovic, que pese a ser humano llegó a ser uno de los más prestigiosos ingenieros de una ciudad centrada en la más alta tecnología, no pudo salvar a su hija de la muerte. Tenía grandes conocimientos sobre mecánica, bioquímica, aeronáutica, termodinámica, biónica, genética... Era de los mayores Ingenieros que pisó el mundo, pero esas habilidades no le ayudaron a sanarla. Al principio pensó que Tisha solo perdería las piernas y los brazos después de ese accidente de tráfico de su apestosa ciudad llena de polución... Porque sí; todo lo que llegó a amar sobre esa poderosa ciudad, toda la superpotencia tecnológica, los automóviles que infestaban la misma, todos los grandes avances de la ciencia e ingeniería... Todo... Empezó a repudiarlo todo cuando su hija de diecisiete años falleció a causa de vivir en esa ciudad y no en otra más limpia, más pacífica. "Este universo es detestable para un retoño", llegó a pensar.
Velor estaba destrozado. se pasaba las manos por la cabellera cana delante del camastro de su querida hija. Pensando en algo muy simple... "por qué no me hice médico".
...
"Je... Tal vez tienes suerte de haber dejado un mundo lleno de demonios y de tanta tiranía, Tisha."
...
«No.»
Susurró una extraña voz al oído de Velor. Pero, cuando este se giró asustado para ver quién era, no había nadie. Era... ¿Una alucinación? Entonces, más aturdido aún, volvió a mirar a su pequeña. Tenía los ojos cerrados; no respiraba, su corazón no palpitaba, no emitía ninguna acción de ninguna clase. Muerta. Sin embargo y justo en ese instante, un pensamiento surcó su mente como una estrella fugaz. Su corazón... Su pulso... Sus piernas y brazos... Nada reaccionaba. En eso se basaba para decir que estaba muerta. Pero... ¿Y su cerebro?
De inmediato el padre de esa fallecida fue que colocó unos receptores de emisión neuronal en la cabeza de la rubia. El cerebro estaba... "Vivo". Milagrosamente vivo. Seguía habiendo bioelectricidad y neurotransmisiones. A pesar de que el resto del organismo estuviera muerto, el cerebro seguía con vida en varios puntos del mismo. ¿Era eso un coma? No... Ese cerebro no estaba recibiendo oxígeno, ¿qué diablos era eso? ...Pero no, no era momento de dudar, sino de actuar.
No podía sanar las heridas de Tisha; no podía detener su muerte, no podía hacer nada por el resto de su organismo. No obstante, nadie habló de crear una nueva Tisha. Técnicamente, no sería lo mismo que tener a su hija de antes; alegre, vivaz aunque asustadiza, creativa, llena de fallos humanos... siempre un poco distante de la realidad... Pero la desesperación hace que saquemos razonamientos anómalos. "Si a partir de los tejidos de Tisha y de su cerebro puedo crear un cyborg, ¡ella volverá conmigo!" Se decía. ¿Se habría vuelto loco? Tal vez sí, tal vez no, eso no nos concierne. La cuestión es que Velor, ante casi todos los ingenieros de aquella ciudad, era capaz.
Trabajó. Trabajó sin descanso. Creó piezas de material de un metal inigualable que superaba incluso al grafeno; moldeable y maleable en frío, muy resistente y diseñado para aguantar cualquier temperatura. «Misteno». Así llamaría a dicho metal. Ajustó estos al cuerpo muerto de Tisha, cambiando los respectivos órganos por esos compuestos cibernéticos de misteno. Y finalmente... Trabajó sin horas de sueño en crear algo grandioso con el cerebro de su hija. Algo que le haría ganar premios, que le llevaría al estrellato en el mundo de la tecnología, que le haría ser más conocido de lo que ya era en el universo entero. Aunque esa no fuera su motivación... Y aunque no fuera esto lo que iba a hacer, debido al miedo.
Tardó un mes. El cerebro de Tisha pasó de ser un simple órgano con sus lóbulos y neuronas, a algo más. Velor Donovic creó algo impresionante a lo que únicamente ese cerebro en todo el mundo estaba conectado: una Nube. Ahora, la mente de Tisha Donovic no residiría únicamente en ese cerebro humano. El cerebro de aquella chica pasó de ser lo que todos conocemos como cerebro, a algo mayor. La mente de Tisha era una nube. Una especie de intranet que no estaba conectada al internet común, sino que era una localidad independiente que no podía ni subir ni bajar archivos que no vinieran de los cinco sentidos de Tisha. Solo su órgano cerebral y y ese extraño metal negro, podrían estar conectadas a esa nube cuyo nombre era "Mist", que significa "neblina" en inglés.
"Mist..." Susurró su padre. Estaba feliz. "...Así nadie podrá hacerte nada. Ningún accidente físico podrá matarte a partir de ahora, querida Tisha. Si tu cuerpo es devastado, bastará con que Mist actúe para recomponer las piezas del cuerpo rotas o de crearte un nuevo cuerpo. Pero para que eso pueda suceder una vez salgas de aquí, debo hacer un par de ajustes..." Se dijo. Así, Velor cargó en Mist la información de los componentes del misteno que él solo creó, para que la nube pudiera manejarlos a su antojo. De ese modo daba igual que ese metal fuera reducido a cenizas; la materia ni se crea ni se destruye. Mist se encargaría de volver a recomponer el cuerpo de Tisha, y de que pudiera seguir "viviendo" en el mundo mortal.
Y cuando estuvo todo listo días después, Velor desactivó todo dispositivo suyo de esa nube que creó, para que esta fuera independiente de internet y de cualquier otro tipo de conexión ajeno a ella como se dijo. Ahora ese ser estaba libre. Nadie podría leer esa nube, pues si alguien quería hacerlo, debería tener la misma habilidad para leer mentes. Tisha despertó. Lo primero que hizo fue mover sus manos mecánicas mientras las miraba; luego, miró a esas ruedas que ahora tenían que hacían las veces de piernas para que ella se pudiera mover con mayor velocidad. Después, alzó la vista para mirar a su "padre"...
«Gracias, Velor.»
Era la misma voz que Velor Donovic escuchó semanas atrás cuando contemplaba a su hija fallecida. No podía ser. El hombre amplió los ojos ante su asombro y... terror. Ese ser... O mejor dicho, ese engendro, saltó de la mesa de trabajo para poner las ruedas sobre el suelo. Miraba de manera distante a aquel tipo que distaba mucho de ser su padre. Entonces Velor comenzó a darse cuenta de su error... Tal vez esa criatura tuviera el cerebro de Tisha, sus recuerdos, sus aprendizajes y sus emociones, su temperamento... pero al querer crear un cerebro nuevo para ella, también creó algo que no previó.
«Mi nombre es Mist. Pero puedes llamarme Tisha Donovic si te hace ilusión.»
Esa chica no era la Tisha que antes existió. Cómo pudo estar tan ciego. En lugar de ello, creó una nueva "persona" que estaba utilizando como un parásito lo que antes fue el cerebro de su hija. Velor exhaló un grito desgarrador al explotar cuando se dio cuenta. Y, tras este... Colapsó. Cayó en el suelo inconsciente.
Había nacido un ser cuya mente... cuya alma, era inmortal. Nadie puede acceder a esa remota nube la cual ni siquiera está en el ciberespacio... Libre de las plagas de internet, libre de desaparecer de cualquier forma de esa existencia. Tisha Donovic volvió a la vida como Mist, de una manera que nadie esperó.
En la actualidad vaga por donde sea en busca de información. Cualquier cosa; un trabajo, un viaje interplanetario, exploración, comercio, destruir una nave... Cualquier actividad es fuente de nueva información para esta chupóptera de datos, y está capacitada para más cosas de las que se pueden presuponer con su apariencia... ¿Quién será el desdichado o afortunado que descubra sus verdaderas potencialidades?

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